La Sustancia, una aventura para Esoterroristas

por Álvaro Loman

Esta entrada es una adaptación de la película La sustancia a una aventura para uno de los juegos de GUMSHOE de la editorial.

En esta entrada no se explican elementos importantes de la trama ni la lógica del producto dentro de la película, sino que se asume que el lector conoce la misma y puede seguir el artículo por el uso de la terminología adecuada.

Para encontrar adaptaciones de esta película a otros juegos utiliza la etiqueta La sustancia.

La aventura da comienzo en la cena de fin de año. Los PJ están viendo la tele, cada uno con su familia, cuando ven cómo aparece en directo un monstruo y varias personas van a por él a destruirle. En ese momento, los móviles de todos suenan: el señor Verdad quiere que descubran quién está detrás de eso y que hagan un velado de forma inmediata.

El grupo se mueve a Los Ángeles, donde se desarrolla la acción. Deben ir rastreando de dónde salió ese monstruo, reconstruyendo la trama de la película (lo que debería ser sencillo, Consolar al jefe (que implorará ayuda para resolver la cagada en horario de máxima audiencia y falseará y sobornará lo que sea necesario), comprobando que Sue nunca hizo su Burocracia (y, por lo tanto, no existe legalmente), pero que compartía dirección postal con Elizabeth Sparkle, hasta que descubren la Sustancia.

Tras hacer el velado, rastreando a la empresa (Suplantar un posible comprador puede funcionar, con Vigilancia electrónica para ver quién rellena las cajas de entrega, o con Derecho buscando a su bufet de abogados) descubren que, tras esa fachada de alta tecnología y glamour, hay una empresa fantasma gestionada por el bufet pero con un único propietario: un cocinero de metanfetaminas que vive en uno de los barrios más deprimidos de la ciudad.

El esonarcotraficante

Este narcotraficante tuvo que salir de su escondite a toda prisa en una redada de la policía y se refugió en una antigua casa de crack hasta que dejaran de buscarle. Allí descubrió una puerta en su sótano (que era realmente un fragmento de la Oscuridad Exterior) que le llevaba directamente a una factoría donde se licuaban… ¿ángeles? Allí, seres mucho más inteligentes que él le dieron ese producto licuado: la Sustancia. Le aseguraron que nunca le faltaría el suministro y, por extraño que a él le pareciera, nunca le pidieron nada a cambio.

Este camello, que nunca fue el lápiz más afilado del estuche, no sabía qué hacer con esto, pero ¿afortunadamente? tenía como cliente a un alto cargo de un bufet de abogados con un gran ojo para los negocios. Sí, los Agentes, al descubrir el bufet, tenían delante al cerebro de la operación, que consiguió guiarles al camello, confiando en que se lo quitaran de encima y eliminar el intermediario. Ya hacía tiempo que había descubierto el sótano y si no se había deshecho del narco era porque sabía que, con el tiempo, podría utilizarlo como chivo expiatorio.

El nuevo modelo de negocio

La aventura termina con la detención del camello, que no duda en vender a su compañero el abogado. Legalmente no tienen nada que hacer contra el verdadero jefe, claro, pero la Ordo Veritatis nunca se preocupa por esas minucias.

El abogado va al sótano a hablar con las criaturas y negociar un nuevo centro de distribución en otro lugar. Pero con lo que no contaba el abogado es que las criaturas tampoco tienen una visión comercial, así que cuando los Agentes llegan, pueden ver al abogado siendo licuado. La destrucción de esta puerta no debería ser difícil, pues un conocimiento de Arquitectura dice lo sencillo que es hacer colapsar el edificio (una antigua casa de crack donde la Membrana estaba en mínimos históricos), bloqueando el acceso al sótano.

Por su parte, el traficante es un cobarde y un inútil, pero conoce la premisa básica de no probar tu propia mercancía. Así que nunca había usado la Sustancia hasta el momento en que se ve esposado y a punto de entrar en la cárcel. Al inyectarse la Sustancia, sale por su propia espalda y se libera de sus ataduras, huyendo.

Continuará…

Pero esto no es el final de la aventura. Sin un acceso a la factoría, cientos de estrellas de Los Ángeles se quedan sin sus kits de subsistencia y deben abandonar a sus otros yo o consumir a sus matrices.

Es fácil ver cómo esto lleva a la aparición de nuevos monstruos y a la búsqueda desesperada de sustitutos terriblemente inmorales (una versión moderna de los sacamantecas de siglos anteriores) para la alimentación de las matrices, así como el obvio deterioro de estrellas famosas.

También se podrá explorar el camino del narcotraficante, que al abandonar su matriz, debe depredar a gente guapa, que rapta y mantiene drogada en sótanos hasta que los consume y pasa a otro. Todo mientras visita (o, mejor dicho, intenta generar) otras zonas con la Membrana débil para ver si consigue una nueva entrada a la factoría.

Todo esto puede llevar a una campaña que termine en una incursión al otro lado de la Membrana para destruir la factoría… o al estudio de esos ángeles que licúan y por qué se parecen tanto a agentes de la Ordo Veritatis desaparecidos en misiones del pasado.

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