759 Merlot 2/5

Merlot, relato locutado basado en los Cazadores de sueños de París, ambientación para el Rastro de Cthulhu.

Autor: Álvaro Loman

Capítulo 2

Huía.

Era difícil saber de qué. Era imposible saber hacia dónde, pero huía.

¿Por qué no había despertado de esta pesadilla? ¿Por qué seguía ahí? Rezaba a Dios y le pedía perdón por todas las veces que había utilizado su nombre en vano. Le suplicaba clemencia y le prometía cosas que sabía que sería incapaz de cumplir, pero cualquier cosa por salir de ese sitio horrible.

Hlanith sería una ciudad costera más, con su olor a pescado metido en lo más hondo de la madera y su sonido constante de gaviotas peleando. Incluso el mercado estaba ahí; una lonja abarrotada con subastas a gritos y vendedores intentando sacar adelante su género. Los barcos entraban y salían del puerto, los carromatos hacían lo propio en los caminos de entrada.

Todo parecía normal. Pero nada lo era.

Los habitantes eran humanos, pero solo cuando les mirabas de frente. Como si sus reflejos en el agua devolvieran una versión deformada y satánica, más parecido a una gárgola de la catedral que a un pescadero al uso. Los pescados eran irreconocibles. Algunos parecían pequeños fetos que boqueaban en busca de aire y otros recordaban a perros dados la vuelta, como si su carne estuviera alrededor de la piel. Era repugnante, pero totalmente normal para esos seres, que lo comentaban con regocijo.

-¡Recién traído de Leng! ¡Compra mientras todavía agoniza!

-La semana pasada me vendiste pescado en mal estado ¡Las uñas se le caían de las manos!

-Mira las branquias de este humano, ¡fresquísimo!

Pensaba que seguía borracho. Era la única posibilidad. Si no fuera por todo lo que pasó después, seguiría pensando que era todo una alucinación provocada por la bebida. Muchos de los habitantes se percataron de mi presencia en cuanto el… ¿hombre? Me ayudó a levantarme. Se me acercaron y me intentaban tocar. Juraría que uno me chupó dos dedos de la mano derecha. Era repugnante.

Estaba completamente agobiado. Los seres se amontonaban a mi alrededor y aspiraban fuerte. Parecía que mi olor les resultaba delicioso. Mi salvador empezó a increparles. Les gritaba y unas aletas le salieron del cuello. Siseaba y enseñaba unos dientes más puntiagudos de lo habitual.

-¡Es mío! ¡¡¡Yo lo encontré!!!

En un momento dado, algunos saltaron y mi protector sacó un cuchillo no sé de dónde. Le cercenó el cuello a uno y una sangre putrefacto y hedionda, negra y semi-coagulada, con olor a gangrena y marisco inundó el enrarecido ambiente. De una patada devolvió al atacante a la multitud y la sangre nos manchó a todos. Algunos de sus compañeros empezaron a quitarle las pertenencias de sus bolsillos cuando todavía seguía con vida, intentando detener inútilmente la hemorragia.

Corrí. No miré atrás. Simplemente corrí a través de ese lugar tenebroso y cruel.

-¡Te he salvado la vida! Me lo debes.

Mi salvador me perseguía. Se había zafado de los demás y me seguía. Parecía exigir un pago por lo ocurrido.

-¡¡¡Al menos déjame inspeccionar tus intestinos!!!

Huía sin saber a dónde.

Pasaron tres días antes de que volviera a París.

Para entonces ya era evidente que la pesadilla no era fruto del alcohol. Ojalá.

Música de Infraction

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